Es un safari de plástico,
un cabaret caluroso,
una princesa inocente
que acecha a diez mil dragones.
Es una jaula entreabierta,
es un jardín congelado,
es una rosa que sabe
bien su destino
y cae por su propio peso.
Es un dolor pasajero,
una agonía excitante,
un dictador que se muere
creyéndose fiel guerrero.
Una posible victoria,
un calcetín anegado,
una mirada vacía,
una expresión silenciosa.
Es éste frío, el culpable,
es el aliento, es el aire,
es la condena impasible,
la luz del pasillo apagada.
Es la verdad que no quiero,
es la mentira que vivo,
es el placer subjetivo
que tiene creerse algo más.
Es el ovillo en las sábanas,
la risa en labios cortados,
el pelo que tiembla inerte
los cruces hablando en braille.
¿Qué es el invierno sino una excusa a esa cara?
Es la bufanda que oculta un rostro,
es el silencio gritando a solas,
es el color de la calle,
es el carmín de los sueños.
Quizás signifique el final,
quizás es tan solo un comienzo,
quizás es el punto y a parte
que lleva a alejarme de ti.
Es la manzana más sosa,
es la tristeza salada,
es lo que quieren que sepa,
es el farol angustiado.
Es la ilusión que no llega,
es la fe que descansa.
Es creer que ya llega,
es saber que te engañas,
es así, es por ti, es invierno.
Quién sabe.... A mí me parece que los peces ya no quieren salir de la pecera, casi nunca tocan el vidrio con la nariz.
domingo, 29 de enero de 2012
martes, 13 de diciembre de 2011
Mundo de oprobio
Buscaban a Dios sin querer encontrarlo,
amaban con miedo, se ahogaban de sed.
Yo a la sed la cubría con sombra,
viviendo de fuentes ajenas
entre faros intermitentes.
Doce segundos, brillo sin fuerza,
y otra vez sed, triste bucle.
La soledad es el cáncer de invierno,
la pretensión solo un arma,
pero es tan fácil arrastrarse
y morirse de sed,
es tan fácil tragarse las ganas,
ahondarse en si mismo,
que apenas quedan actitudes inconformes,
ya no es rentable saber.
-querer saber también me vale-
Se pasan los tiempos
de labios sonando a sorpresa,
de esos que sirven coartadas.
amaban con miedo, se ahogaban de sed.
Yo a la sed la cubría con sombra,
viviendo de fuentes ajenas
entre faros intermitentes.
Doce segundos, brillo sin fuerza,
y otra vez sed, triste bucle.
La soledad es el cáncer de invierno,
la pretensión solo un arma,
pero es tan fácil arrastrarse
y morirse de sed,
es tan fácil tragarse las ganas,
ahondarse en si mismo,
que apenas quedan actitudes inconformes,
ya no es rentable saber.
-querer saber también me vale-
Se pasan los tiempos
de labios sonando a sorpresa,
de esos que sirven coartadas.
viernes, 9 de diciembre de 2011
Génesis
Hablábamos de aprender a vivir
pasando los días de igual manera.
Atrapábamos lunas de callejón,
contábamos astros, constelaciones...
¿Te acuerdas de haber sentido miedo?
Yo no lo tuve, estábamos juntos,
ahogaban la prensa con muertes,
con guerras, con crisis,
y mi ventana lucía siempre la misma ciudad.
Volvía a sentirme un niño
mirando esos grandes ojos,
no eran azules, cargaban ojeras,
los años pesaban, y sin embargo,
los encontraba perfectos para vivir.
Nadie nos salvaría,
ni siquiera nuestro ánimo,
nos entregábamos dóciles
al devenir más casual,
agonizando Diciembre,
sin más defensa que la música,
la sed de alcohol,
las noches incapaces de frenarnos,
víctimas del deseo.
Recuerdo haber crecido tanto...
Todo acabó como empezó,
pero con más ímpetu de lo normal.
Tuve todo lo que quise,
nada lo necesitaba.
Era el comienzo de ser lo que soy.
pasando los días de igual manera.
Atrapábamos lunas de callejón,
contábamos astros, constelaciones...
¿Te acuerdas de haber sentido miedo?
Yo no lo tuve, estábamos juntos,
ahogaban la prensa con muertes,
con guerras, con crisis,
y mi ventana lucía siempre la misma ciudad.
Volvía a sentirme un niño
mirando esos grandes ojos,
no eran azules, cargaban ojeras,
los años pesaban, y sin embargo,
los encontraba perfectos para vivir.
Nadie nos salvaría,
ni siquiera nuestro ánimo,
nos entregábamos dóciles
al devenir más casual,
agonizando Diciembre,
sin más defensa que la música,
la sed de alcohol,
las noches incapaces de frenarnos,
víctimas del deseo.
Recuerdo haber crecido tanto...
Todo acabó como empezó,
pero con más ímpetu de lo normal.
Tuve todo lo que quise,
nada lo necesitaba.
Era el comienzo de ser lo que soy.
martes, 6 de diciembre de 2011
Fjazz
Diciembre en bruto, festejo en ciernes,
luces tiñiendo un fin de otoño,
consumiéndose entre frágiles latidos.
Mi corazón supo de inviernos,
los tiempos pasan, sueños perdidos,
no hay ganas de fijarse en la cartera,
los maniquís del centro no parecen
tristes por la imagen que me deja este fin...
Consumo amarga, cariño alegra,
con Sonny Rollins, Parker Charles,
comparto copa, las cuatro y media.
Cuento mujeres por bares en los que bebo,
como alma en pena, ya de pre-enero,
montando planes imposibles me retiro.
- Aun no son horas, se acuesta pronto soledad.
- ¿Y qué...?
sábado, 3 de diciembre de 2011
Amor de lata
La gente ya no quiere amarse,
duermen todos, nadie grita.
El miedo al daño, al descontrol,
cambió las formas,
y ahora no hay lunes, no hay mediasnoches,
ya no se pone el Sol
o nadie mira ya hacia arriba.
Vírgenes de trama, belleza inerte,
días sin atardecer, ojos sin brillo,
la espera acabó arrugando
cada instante, cada amapola,
ofensa a un cuerpo de piel
marchitándose a solas consigo mismo,
sin más pasión que hablar de espera...
Mas yo, paseo inconforme,
tiritando, inalterado,
creyéndome digno mortal.
Quiero morir perdiendo.
Morir tal vez
tras un idilio en las cocheras,
o un rechazo en Ribadeo,
dando un abrazo a un policía
por querer divagar,
o tras perder a una princesa
que acabó por no aguantarme.
No me importa.
La espera acaba en la muerte.
Yo, quiero al morir cerrar los ojos,
contar las piernas, las ilusiones,
las lágrimas, y sonreir,
sabiendo que entendí la vida
cual sinusoide de felicidad,
de vértigo, de caos, y pérdida.
duermen todos, nadie grita.
El miedo al daño, al descontrol,
cambió las formas,
y ahora no hay lunes, no hay mediasnoches,
ya no se pone el Sol
o nadie mira ya hacia arriba.
Vírgenes de trama, belleza inerte,
días sin atardecer, ojos sin brillo,
la espera acabó arrugando
cada instante, cada amapola,
ofensa a un cuerpo de piel
marchitándose a solas consigo mismo,
sin más pasión que hablar de espera...
Mas yo, paseo inconforme,
tiritando, inalterado,
creyéndome digno mortal.
Quiero morir perdiendo.
Morir tal vez
tras un idilio en las cocheras,
o un rechazo en Ribadeo,
dando un abrazo a un policía
por querer divagar,
o tras perder a una princesa
que acabó por no aguantarme.
No me importa.
La espera acaba en la muerte.
Yo, quiero al morir cerrar los ojos,
contar las piernas, las ilusiones,
las lágrimas, y sonreir,
sabiendo que entendí la vida
cual sinusoide de felicidad,
de vértigo, de caos, y pérdida.
lunes, 28 de noviembre de 2011
La verdadera historia de nadie
Otro tiempo vendrá distinto a éste.
Y alguien dirá:
Hablaste mal. Debiste haber contado
otras historias...
Ángel González
Mi historia es hoy la de un lunes color lavanda.
La de una fábula incompleta,
soñando con Thelonious Monk,
entre hojas de papel, sin alas,
copiando fórmulas, inútiles,
que exigen ser mas no sentir.
¿Por qué escribir sobre mis fobias,
mis filias, mi espléndida estaticidad
pudiendo ser encantador,
Decir, tan fácil,
Quiero pétalos de ti cubrir mis sábanas,
rodear tus pechos, verte descalza,
aunar verano, tu figura,
soñarte entera, poder dormir...?
Me acostumbré al sabor amargo,
a indiferencia hablándome vanalidades,
hoy es mañana, nunca es ahora,
ayer fue entonces, cuándo se fue.
Ya no contagio una palabra,
solo hay silencio, libros mojados,
treinta pantallas, falta de fe.
Escribir visceral será mi ruina,
pero es mi única forma de escapar.
Y alguien dirá:
Hablaste mal. Debiste haber contado
otras historias...
Ángel González
Mi historia es hoy la de un lunes color lavanda.
La de una fábula incompleta,
soñando con Thelonious Monk,
entre hojas de papel, sin alas,
copiando fórmulas, inútiles,
que exigen ser mas no sentir.
¿Por qué escribir sobre mis fobias,
mis filias, mi espléndida estaticidad
pudiendo ser encantador,
Decir, tan fácil,
Quiero pétalos de ti cubrir mis sábanas,
rodear tus pechos, verte descalza,
aunar verano, tu figura,
soñarte entera, poder dormir...?
Me acostumbré al sabor amargo,
a indiferencia hablándome vanalidades,
hoy es mañana, nunca es ahora,
ayer fue entonces, cuándo se fue.
Ya no contagio una palabra,
solo hay silencio, libros mojados,
treinta pantallas, falta de fe.
Escribir visceral será mi ruina,
pero es mi única forma de escapar.
domingo, 27 de noviembre de 2011
06:00 am
Pasear es también un regalo,
y más en las noches de otoño,
cuando el aliento se aleja de uno,
formando nubes grisáceas,
de nostalgia, de duda...
Ya duerme nuestro futuro,
se acuesta el sol, no los prejuicios,
no los curiosos, ni la ciudad,
y hoy quiero frío, quiero temblores.
Pues solo el silencio me arma,
solo las calles naranjas,
solo la noche de viejos cantores
diciendo "Nuestra existencia es igual".
No es lo mismo para todos...
No si te enseño estas cosas,
si te muestro mi espejo,
las cortinas de un baño anegado,
cálices llenos de furia, deseo,
unas aceras marchitas
y un poliespán cual jergón.
Gente en el cine, diez restaurantes,
pero entre medias hay odio,
miedo a morirse,
dos toxicómanas sueñan...
Qué demonios será reir...
Y es mi condena, mi Hare Krishna,
por más vivencias va todo igual,
solo hay papeles, gente que va, gente viene,
yo aun a lo mio con más bagaje,
coleccionar noviembres, en soledad.
Meditabundo y sobrio.
Preso del simposio social,
de aglutinados en plazas
buscando respuestas,
recorro los parques, el centro,
aun hay dolor de cosquillas,
viernes de nieve, plaza de españa.
Viejo amor mi Madrid.
y más en las noches de otoño,
cuando el aliento se aleja de uno,
formando nubes grisáceas,
de nostalgia, de duda...
Ya duerme nuestro futuro,
se acuesta el sol, no los prejuicios,
no los curiosos, ni la ciudad,
y hoy quiero frío, quiero temblores.
Pues solo el silencio me arma,
solo las calles naranjas,
solo la noche de viejos cantores
diciendo "Nuestra existencia es igual".
No es lo mismo para todos...
No si te enseño estas cosas,
si te muestro mi espejo,
las cortinas de un baño anegado,
cálices llenos de furia, deseo,
unas aceras marchitas
y un poliespán cual jergón.
Gente en el cine, diez restaurantes,
pero entre medias hay odio,
miedo a morirse,
dos toxicómanas sueñan...
Qué demonios será reir...
Y es mi condena, mi Hare Krishna,
por más vivencias va todo igual,
solo hay papeles, gente que va, gente viene,
yo aun a lo mio con más bagaje,
coleccionar noviembres, en soledad.
Meditabundo y sobrio.
Preso del simposio social,
de aglutinados en plazas
buscando respuestas,
recorro los parques, el centro,
aun hay dolor de cosquillas,
viernes de nieve, plaza de españa.
Viejo amor mi Madrid.
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