sábado, 5 de noviembre de 2011

Treinta segundos

Una gota puede encerrar todos los secretos del mar,
el cómo y porqué de las olas,
el verdadero color de las nubes
que cubren Madrid ya en la noche,
cuando los tímpanos descansan sobre suaves almohadas,
y los pocos insomnes se asoman mojándose,
esperando el escalofrío en el tuétano,
la calidez del alma.

Un aguacero puede tener respuesta a tanto porqué,
puede escribir la historia incompleta,
reunir nostalgia, dudas, esperanza y miedo,
en torno a un mismo instante, eterno y sin fin.

Por eso, yo,
Quiero saber como saben las nubes,
cómo es Madrid desde arriba.
Quiero sentir como siente la lluvia,
el suave tacto del ciprés mojado,
resbalando entre sus ramas verdes,
firmes en la tempestad.
Quiero aprender como aprenden las gotas,
que no hay más vida que una caída,
treinta segundos para volar.

1 comentario:

  1. No tengo palabras.
    Acaba de subir estrepitosamente arriba de mi podio este poema, me encanta, tenías razón!
    Como me conoces :)
    Me suena eso de:
    "...y los pocos insomnes se asoman mojándose,
    esperando el escalofrío en el tuétano,
    la calidez del alma."

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